Valle de Salazar | Historia
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"Sahats" es el nombre vasco del sauce. Una extensa sauceda, Zaraitzu, parece haber dado nombre al valle y al río Salazar.
Las primeras noticias en cuanto al origen y evolución histórica del Valle de Salazar se remontan al siglo VIII, cuando una tribu vascona dedicada al pastoreo se asentó en la zona y fue cristianizada en época temprana.

Aquella comunidad de fuerte sentido comunitario, que tenía muy definidos sus bienes comunales, se organizó pronto en concejos. Cuando el valle se incorporó al reino pamplonés, a finales del siglo IX, perdió su autonomía política; formó primero una "tenencia" y desde el siglo XIII un "almiradío" o "bailío" de la Merindad de Sangüesa, pero conservó siempre su peculiar sistema administrativo.

Un solo alcalde presidía la Asamblea común vecinal de todo el valle. A finales del siglo XI se formó la Junta General, que se reunía en la ermita de Santa Lucía de Ibilcieta, y funcionó durante siglos como ayuntamiento restringido con representantes delegados de cada localidad.

Hasta el siglo XI no se diferenciaron los términos propios de cada pueblo y los de la Universidad del Valle. Desde las demarcaciones parroquiales establecidas para cobrar los diezmos se fijaron los términos concejiles. Para efectuar los repartimientos y cobrar los tributos nacieron, en el siglo XIV, los tres "quiñones" en que, todavía, está dividido el Valle: el quiñón de Aldegaña u Ochagavía, al que sólo pertenece esta villa; el quiñón de Errartea, que acoge a Esparza, Ezcároz y Jaurrieta; y el quiñón de Atabea, formado por las once villas restantes: Gallués, Güesa, Ibilcieta, Iciz, Igal, Izal, Izalzu, Oronz, Ripalda, Sarriés y Uscarrés.

Fue en el siglo XIX, a mediados, cuando el Valle de Salazar quedó fragmentado en municipios. En la actualidad, la Junta General del Valle de Salazar no es una mera comisión delegada por los ayuntamientos o los vecinos para la buena administración de unos bienes comunales. Sigue siendo, en cuanto a institución de derecho público, el órgano representativo del Valle, la sucesora directa e ininterrumpida de la primitiva comunidad de los saracenses.

Hoy, la Junta del Valle de Salazar, formada por dieciocho diputados, elegidos seis por cada quiñón, que se reúnen en Ezcároz con carácter ordinario la última quincena de cada trimestre, presididos por el Alcalde Mayor, cargo rotatorio entre los tres quiñones según un orden tradicional, administra 13.777,6 hectáreas de campos y montes comunales.

 

Escudo

Escudo

Los salacencos del siglo XVI quisieron tener un escudo propio que patentizase su naciente nobleza y los distinguiese con claridad de la antigua. Por eso, se dirigen en 1564 al rey, exponiéndole su legítima ambición, que es tomada en consideración, aunque la oposición de los hidalgos antiguos, que veían en perspectiva la perdida de otra de sus posiciones, retrasó un poco la concesión del correspondiente privilegio.
El ansiado privilegio es concedido, al fin, en 6 de mayo de 1566, teniendo en cuenta S.M. los méritos alegados y el ser Valle "frontero de Francia", como se hace constar expresamente en el documento.

En adelante, los salacencos podrían ostentar en sus capillas y reposteros las preciadas armas otorgadas por Felipe II, símbolo de un pueblo ganadero, acechado siempre por el enemigo:

Blason
"Un lobo negro sin corona, con las uñas doradas y un cordero plateado en la boca atravesado con los cuernos dorados, según reza el privilegio"; lo que en términos heráldicos describiríamos así: "De gules y un lobo de sable cebado en un cordero de plata cornado y pezuñado de oro" Desde esta fecha, las serias leyes nobiliarias de Navarra, autorizaron, con criterio algo restrictivo, la adquisición de Ejecutorias de Hidalguía a los que demostrasen ser originarios del Valle y radicar en casa vecinal de sus pueblos.


Este blasón corresponde también a cada una de las villas del Valle de Salazar. Aparece este escudo de armas en la fachada de numerosas casas en todos los pueblos del Valle.